Bajo el hielo
Hay registros militares que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos desclasificó entre 2017 y 2023. Objetos que se mueven a 91 nudos bajo el agua sin producir cavitación. Sin motor conocido. Sin firma de calor. Sin explicación.
Daniel Rojas los estudió durante catorce años.
Hasta que alguien le envió el archivo que no debía existir.
"Bajo el hielo" no es una novela sobre una invasión extraterrestre. Es una novela sobre algo mucho más perturbador: la posibilidad de que nunca se hayan ido. Que hayan estado aquí antes que nosotros. Que hayan esperado, con una paciencia que no se mide en siglos sino en eras geológicas, el momento que sus propios textos —textos que curiosamente coinciden, palabra por palabra, con el libro de Daniel, con Ezequiel, con el Apocalipsis— llaman el momento acordado.
Un capitán de la Armada de Chile con un archivo de 94 gigabytes que no puede compartir. Una oceanógrafa que fotografió algo a 3.200 metros de profundidad que no debería existir. Un ingeniero que tocó con sus propias manos un fragmento de casco recuperado en 1987 cuyo material sigue sin clasificación. Un subsecretario de Defensa con una secuencia genética en el cromosoma 4 que no pertenece al genoma humano conocido.
Y un contador que lleva veinte ciclos descendiendo. Ahora quedan dos.
La Biblia no era una advertencia. Era un manual de instrucciones para los que supieran leerlo.