CANSADO DE MI SOLEDAD
He caminado con mi soledad como quien carga una lámpara apagada.
Durante veintitrés capítulos la he nombrado, la he enfrentado, la he vestido de palabras.
La he visto convertirse en herida, en laboratorio, en puente.
Y ahora, cansado de ella, descubro que no se ha ido: se ha transformado.
La soledad ya no es un muro, sino un espejo.
Ya no es un peso, sino un mapa.
Ya no es un silencio, sino una música que me acompaña.
Este libro no es un final, es un altar.
Un altar hecho de páginas, de voces invisibles, de rituales compartidos.
Aquí dejo mi cansancio como ofrenda,
y mi palabra como invitación.
Si alguna vez te sentiste solo, lector,
que estas páginas sean compañía.
Si alguna vez te cansaste de tu propia sombra,
que aquí encuentres un fuego encendido.
Porque la soledad, cuando se nombra, deja de ser cárcel.
Se convierte en puente, en comunidad, en memoria.
Y yo, cansado de mi soledad,
me reconozco ahora acompañado por ti,
por quienes leen, por quienes escuchan,
por quienes transforman el silencio en palabra.
Este es mi epílogo,
pero también tu comienzo.