Ciencia y Crianza se escriben con C de conexión.

La crianza requiere de unos padres (mamá/papá) con una serie de habilidades para ejercer su parentalidad en suficiencia. Con suerte, estas habilidades parentales se aprenden, en el cotidiano, en la interacción sincrónica con nuestros infantes. La sincronía sugiere conexión: estar para un otro. Y aquí la ciencia, a través de las neurocosas, nos dan luces de cómo el buentrato es el camino más seguro al bienestar de nuestros hijos e hijas.

En tres módulos revisaremos el 'ABCDario del Apego' para que, una vez entendiendo esta cualidad de la relación adulto-infante, revisemos 'Lo neuro de la crianza' y obtener información basada en evidencia científica. Al final exploraremos la propuesta de crear 'Comunidades sensibles' en torno a nuestro ejercicio parental.

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Traudy Edith Avila Schlottfeldt
1 Año Hotmarter

La ciencia en la crianza: con dos de oxitocina por favor.

Ser padres puede ser definido sólo por la biología, pero, dada nuestra condición social, la paternidad puede ir más allá y convertirse en un ejercicio de co-construcción mental (dinámica y evolutiva) de nuestro YO como padre o madre en relación siempre a las interacciones cotidianas con nuestras crías humanas. Es en esta colaboración con un otro, en el que padres e hijos van dibujando las características de los personajes en nuestra épica historia de parentalización. Nuestro ejercicio de crianza se antoja a un ritmo lento, cadencioso, sin prisas, con pausas que nos permitan reflexionar y reparar.

A través de nuestro ejercicio parental nos permitimos construir esa determinación de llevar a buen puerto a nuestras crías, sin perder de vista el ahora, el presente, la información que día a día nos entregan (como pistas de interacción) nuestras hijas y nuestros hijos. Pero esta historia es colectiva, es una historia entonces de colaboración grupal, en donde padres y madres reciben contención, sostén y acompañamiento por otros adultos en la comunidad: la comunidad sensible. Es en este contexto en donde padres e hijos danzan en la neuroquímica del bienestar, encontrando recompensas en la caricias, en el contacto, en las sonrisas, y en los logros; gestando y fortaleciendo los vínculos afectivos; y fomentando la autoestima y la auto confianza.

Dra. Traudy Avila Schlottfeldt

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