Cómo Liberar a tus Hijos de la Adicción Digital

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Son las ocho de la noche. La cena está servida. Llevas cinco minutos llamando a tu hijo. Nada. Entras a su habitación y está ahí, con los ojos clavados en la pantalla, completamente ausente. Le llamas por su nombre. Nada. Lo tocas en el hombro. Un gruñido. Le dices que es hora de cenar. Y entonces explota: gritos, portazos, lágrimas.