Depresión, estrés y ansiedad: los verdugos del siglo XXI
La depresión es, probablemente, la enfermedad que está extendiéndose con mayor amplitud a lo largo de mundo, en el presente siglo. Quienes la padecen, se sienten infelices, fatigados, sin sentido de vida y con distrés elevado —falta de comodidad con uno mismo. La estadística mundial acerca de la enfermedad es alarmante: aproximadamente, el 20% de los seres humanos estamos o estaremos próximamente en alguna fase depresiva. De cada tres casos que se presentan, dos son mujeres y uno es hombre; sin embargo, aunque la depresión es más común en mujeres que en hombres, la muerte por suicidio a causa del padecimiento de esta enfermedad, es significativamente mayor en hombres. Además, es más difícil diagnosticarla en hombres ya que, culturalmente, estamos menos acostumbrados a validar y exteriorizar lo que sentimos y a quejarnos del dolor emocional; por lo que es más probable que neguemos nuestras alteraciones del estado de ánimo y busquemos una explicación física concreta.
Depresión no es igual a tristeza —aunque este sentimiento sea muy común durante la enfermedad. Es importante diferenciar esto, ya que estar triste es normal, es un sentimiento reactivo a alguna situación; pero estar deprimido implica la pérdida del sentido vital, y un nivel alto de desesperanza. Todos los deprimidos están tristes; pero no todos los que se sienten tristes están en depresión.
Es muy común que la depresión se presente asociada a cuadros de ansiedad, lo que genera que el individuo se sienta angustiado y sin capacidad para enfrentar la vida. Este tipo de depresión se conoce como depresión ansiosa.