Devocional de estudio 21 días de ayuno por la familia

Español

Presentación

El ayuno es, sin duda, una disciplina sagrada para todo cristiano. Así como en el ámbito

académico existen asignaturas curriculares diseñadas y distribuidas como requisitos básicos para

que los estudiantes aprueben al final del curso, el ayuno forma parte de la vida de todo cristiano, es

decir, de aquellos que han entregado verdaderamente su vida a Cristo. Nuestro Señor es el mayor

ejemplo de esta práctica; véanse las referencias en el Evangelio de Mateo, capítulo 4, en la Santa

Biblia. Verán que nuestro Cristo fue guiado por el Espíritu Santo al desierto para ser tentado, venció

la tentación y consolidó su ministerio. Cristo no dudó en comprometerse con esta disciplina sagrada.

Como discípulos de Cristo, también nosotros debemos seguir esta disciplina: reorienta el

corazón. Comprometerse con la práctica del ayuno es vivir una vida de devoción y dependencia de

Dios; ayunar no es solo renunciar a cosas materiales, sino abrir espacio para experiencias espirituales

más profundas y enriquecedoras. ¡No se desanimen! La carne busca desalentarnos y desanimarnos,

pero si la carne lucha, es porque el espíritu está venciendo. El enemigo incluso intenta destruirnos,

pero cuando ayunamos, los cielos se abren y Dios envía a sus ángeles en nuestra ayuda.

Hay fuerzas espirituales que solo pueden vencerse mediante el ayuno y la oración. Cuando

la reina Ester ayunó, ella, su pueblo e incluso su nación fueron salvados (véase el libro de Ester,

capítulo 4). Cuando Daniel ayunó, se le revelaron verdades (véase el libro de Daniel, capítulo 4, por

ejemplo). Cuando Jesucristo ayunó, entró en la plenitud de su poder. Al ayunar, nos conectamos con

un linaje real. El ayuno es el acto real que abre el acceso a mesas, visiones y estrategias para vencer

el mal. Oras, ayunas y proclamas la palabra de Dios, y Él dice: «Hijo mío, ya estaba listo para obrar a

tu favor; solo esperaba que abrieras el camino en tu corazón».

Mostrar más