Dios nunca llega tarde ni temprano, en el momento perfecto
Cada capítulo busca recordar que los retrasos aparentes, las puertas cerradas y los caminos inesperados también forman parte de un propósito mayor y divino, uno que muchas veces solo se comprende con el paso del tiempo.
No se pretende ofrecer respuestas rápidas ni fórmulas mágicas, sino acompañarte con la palabra de Dios en el proceso de confiar, aun cuando no todo tenga sentido.
Es una invitación a soltar el control, a descansar en la certeza de que Dios obra incluso cuando no lo vemos, y que incluso en el exilio permanece fiel.
Cuando Dios actúa, lo hace con precisión divina: ni antes ni después, sino exactamente cuando el corazón está listo y el propósito puede cumplirse.
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