El parásito de Valaquia
En los pasillos oscuros e interminables del complejo hospitalario Barros Luco Trudeau y el Exequiel González Cortés, en la zona sur de Santiago, la muerte no siempre viste de diagnóstico clínico.
El doctor Esteban Morales —un brillante infectólogo abatido por la trágica pérdida de su esposa durante la pandemia— vive volcado en el cuidado de su hija Sofía, una preadolescente de doce años cuya mente limpia y luminosa es su único refugio. Sin embargo, lo que parece una intervención quirúrgica de rutina por una apendicitis se convierte en una pesadilla inexplicable cuando Sofía es atacada en la penumbra de la UCI pediátrica, quedando atrapada en un letargo profundo e insondable.
Al examinar la nuca de su hija, Esteban descubre dos punciones milimétricas en la vértebra C2. La medicina oficial no tiene respuestas, pero las sombras del hospital guardan un secreto centenario: Ananías Varga, un anciano del personal de aseo al que nadie mira a los ojos, no es humano. Es una entidad milenaria nacida en los bosques de Valaquia que sobrevivió a pestes, persecuciones en la Viena del siglo XIX y a los experimentos clandestinos de Colonia Dignidad durante la dictadura chilena, alimentándose de los recuerdos y la fuerza vital de los caídos.
Con el reloj biológico de Sofía en cuenta regresiva y apoyado por un joven residente audaz y los archivos encriptados de una investigadora en Europa, Esteban deberá cruzar la frontera de la ciencia tradicional y adentrarse en la deep web para orquestar una emboscada médica desesperada.
¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre cuando el verdadero monstruo no es un mito, sino el encargado de limpiar el suelo de la sala de su hija?