El pecado de los dos

Español

Matteo Rossi y Andrés Elizondo se conocieron siendo casi niños, en un seminario del sur de Italia, en un octubre que ninguno de los dos supo, entonces, que iba a definir el resto de sus vidas. Uno se quedó. El otro subió, peldaño a peldaño, hasta el lugar más alto que la Iglesia puede ofrecerle a un hombre. Y sin embargo, ninguno de los dos dejó nunca de pertenecerle al otro, aunque el mundo entero —la doctrina, el protocolo, la propia ambición— se empeñara en volver imposible esa pertenencia.