EL SILENCIO QUE HABITA
El eco del renacer
Recuerdo la mañana exacta en que me di cuenta de que el silencio ya no me daba miedo.
No pasó nada especial. No hubo una revelación ni un momento de iluminación. Simplemente, me desperté, me quedé un rato en la cama sin hacer nada, y noté que mi pecho estaba tranquilo. Sin esa opresión que durante años había sido mi compañera de cama. Y pensé: "ah, mira. Ya no huyo".
Eso fue después del primer libro. Después de volver a casa, de encontrarme, de renacer. Llegué a creer que a partir de ahí todo sería más fácil. Que la luz, una vez recuperada, se quedaría para siempre.
Pero no funciona así.
El renacer no es un punto de llegada. Es otro punto de partida. Y la vida, la de verdad, la que te reclama a las siete de la mañana con niños que desayunan y facturas que pagar y gente que espera que sigas siendo quien eras, esa vida no se detiene porque tú hayas cambiado.
Este libro nace de esa constatación incómoda. De la pregunta que me hice unos meses después de sentir que por fin había vuelto a mí: ¿y ahora qué? ¿Cómo se sostiene esto cuando el día a día vuelve a apretar? ¿Cómo no volver a dormirse después de haber despertado?