Keidy “Lo que no se dice también duele”
Keidy tiene 14 años y una maleta pequeña, pero lleva dentro de sí un peso que no cabe en ningún equipaje: la distancia, la soledad y el silencio de una casa de madera alquilada, donde duerme sola entre semana para poder seguir estudiando. En su vereda no hay secundaria. Sus papás quedaron lejos, al otro lado de las plataneras y los caminos de herradura. Entre cuadernos, timbres de clase y comidas solitarias, Keidy empieza a sentirse cada vez más extraña en su propia piel. Nadie ve su tristeza, porque en el colegio sonríe. Pero cuando ...
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