La Herencia
El incendio no fue una explosión. Fue una rendición. La casa crujió antes de arder. El espejo del pasillo se agrietó sin que nadie lo tocara. El reflejo se desdobló. Por un instante, Clara vio a Adriana. O a sí misma. O a ambas.
Elías apareció en la puerta. No dijo nada. Solo la miró. Clara entendió. No había más que decir. Las llamas avanzaban como si supieran el camino. Cada peldaño ardía tras sus pasos. No corrió. Caminó. Como quien deja atrás una versión de sí misma. En el jardín, el aire era distinto. Más liviano. Más real. Elías seguía allí. Pero no parecía él. Parecía una sombra que se disolvía con el humo.
Clara se sentó frente al mar. El cuaderno en las manos. Escribió: "La casa ya no existe. El espejo tampoco. Elías se fue. Adriana… no sé si estuvo.