La Nutricionista y el Psicologo.
Trilogia del Limite Mental.
Hay personas que saben exactamente qué decir cuando alguien se quiebra frente a ellas.
Saben dónde poner la pausa.
Cuándo bajar la voz.
Cuándo no tocar.
Y, sin embargo, no saben qué hacer cuando el silencio se les instala adentro.
Ella está acostumbrada a medir.
Gramos, porciones, horarios, síntomas.
Sabe cuándo un cuerpo miente, cuándo exagera, cuándo pide ayuda con vergüenza.
Ve el cansancio en la piel antes de que el paciente lo nombre.
Él está entrenado para escuchar lo que no se dice.
Detecta contradicciones mínimas, palabras que sobran, gestos que delatan.
Sabe que nadie cuenta su historia como realmente fue.
Ni siquiera los profesionales.
No se buscan.
No se necesitan.
No se salvan.
Se encuentran.
Y el problema no es lo que se dicen, sino todo lo que deciden no decirse porque saben demasiado.
Ella observa cómo él sostiene la mirada un segundo más de lo habitual.
Él registra cómo ella corrige una postura que no es la suya.
Ambos lo notan.
Ambos lo archivan.
Ambos siguen adelante como si nada.
Porque saben hacerlo.
Porque viven de eso.
Este no es un relato de atracción.
Es un relato de desgaste.
De límites.
De profesionales que han visto tanto dolor ajeno que ya no están seguros de reconocer el propio.
Hay encuentros que no prometen nada.
Pero dejan marcas.
Y hay historias que incomodan porque no ofrecen alivio,
solo preguntas.
Esta es una de ellas.