Las Cenizas de los Inocentes
En el infierno fangoso y putrefacto de la Primera Guerra Mundial, la Compañía "Fantasma" no es más que un número de baja en los libros del alto mando. Son hombres desgastados, unidos por el miedo y la desesperación, cuya única misión es mantener una trinchera que no vale nada, contra un enemigo que no odian. Entre ellos se encuentran cuatro almas rotas: el sargento Albrecht, un viejo pastor que ha visto a Dios morir en el barro; el joven y visionario soldado Lehmann, que aún escribe poemas a su amada mientras los obuses caen; el cabo Jäger, un hombre de pueblo que solo quiere volver a ver la sonrisa de su hija; y el médico de campaña, el doctor Vogler, que ha perdido la cuenta de las vidas que ha visto desangrarse entre sus dedos.
Su rutina letal se trunca cuando reciben una orden imposible: deben cruzar la Tierra de Nadie bajo un bombardeo incesante para rescatar a un oficial herido, un hombre cuyo conocimiento de los planes de ataque vale más que la vida de toda su compañía. Es una misión suicida, un sacrificio calculado.
Lo que el alto mando no sabe, y lo que los soldados descubrirán con horror, es que al otro lado, en la trinchera enemiga, hay otro grupo de hombres con las mismas órdenes. La novela se convierte entonces en un abrazo mortal en el corazón del lodo, donde el enemigo ya no tiene rostro de nación, sino el rostro desencajado por el pánico de un joven de su misma edad. Mientras los minutos se convierten en horas de agonía, el verdadero enemigo no es el hombre que empuña la bayoneta al otro lado, sino el tiempo, la metralla, y la lenta y cruel erosión de la humanidad.
Albrecht verá su fe hecha añicos al tener que bendecir la muerte de sus propios hijos. Lehmann dejará de escribir poemas para grabar en su piel con una navaja los nombres de los caídos, para no olvidar el precio de la belleza. Jäger, en el paroxismo de la batalla, oirá la voz de su hija entre los gritos de los moribundos, y Vogler, el médico, se dará cuenta de que la medicina es un acto