Mi Diablo es un Comediante

Español

Hay voces que no se heredan por sangre, sino por repetición. Frases que se nos instalan dentro como muebles viejos: incómodos, pesados, imposibles de mover sin esfuerzo. Con el tiempo, uno deja de notarlos. Se convierten en parte de la casa. De la identidad. Del paisaje mental. Y un día descubre que vive rodeado de sentencias que jamás escribió.

La mía tenía sentido del humor.

No uno amable ni ligero, sino ese humor que desnuda sin pedir permiso. El que señala justo donde duele y luego sonríe, como si hubiera hecho un favor. Durante mucho tiempo creí que era crueldad. Después pensé que era autodesprecio. Más tarde entendí que era algo peor: era sinceridad sin ternura.

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