New York no es el cielo
Se podría entender a este volumen como un texto de trayecto, de viaje, algo que ya constituye un verdadero subgénero de la poesía; sin embargo, entenderlo así —a mi mero juicio personal, desde luego— sería hacerle una justicia incompleta al poemario. Podría no haberse movido nunca de su lugar el poeta y de todos modos, haber escrito lo que sigue. Es que este volumen de versos también se refiere a un viaje interior, a través de la propia sensibilidad del autor, que navega entre recuerdos, vivencias y asociaciones con el pasado, buscándose siempre, y sabiendo siempre que el encuentro no es lo importante, tal vez, sino ese mismo desplazamiento.
Invitación a una viaje tal vez inmóvil, valga la paradoja, es este libro, y estoy seguro de que quien acepte la invitación de Manuel Tiberio Bermúdez
