Registros Internos
El verdadero enemigo no era el mundo. Era la voz dentro de mi cabeza, ese eco constante que transformaba cada refugio en una trinchera y cada silencio en una sentencia. Afuera, las calles seguían su curso indiferente, ajenas a la guerra silenciosa que se libraba detrás de mis ojos; adentro, en cambio, la artillería propia ya había arrasado con todo lo demás.