Versos del tiempo por venir
Este libro no nació de la calma, sino del asombro.
Nació una noche cualquiera, cuando levanté los ojos y el cielo se abrió como una herida antigua. Allí estaban el Sol y la Luna, perseguidos y distantes; las estrellas, mentiras hermosas que inventamos para no tener miedo; los planetas, huérfanos silenciosos girando en su eterna soledad; y las constelaciones, viejos mitos tatuados en la oscuridad.
Estos versos libres son mi forma de conversar con lo inmenso.
No pretenden explicar el cosmos, porque sería arrogancia de hormiga.
Solo intentan mirarlo de frente, tocarlo con palabras torpes y dejar que su grandeza me atraviese.
Aquí no hay rimas perfectas ni metros estrictos.
La forma se quiebra porque el universo también se quiebra: en supernovas, en agujeros negros, en eclipses y en silencios.
El verso libre es el único que se atreve a imitar el desorden sagrado de las galaxias.
Entre estas páginas conviven el fuego del Sol y el frío plateado de la Luna,
la violencia callada de las estrellas moribundas,
los dramas eternos de Orión y Andrómeda,
y las doce máscaras del zodíaco que llevamos todos dentro.