YO TAMBIÉN TENÍA UN VOLCÁN DENTRO DE MÍ.
Este cuento transmite una idea esencial:
Los errores no son fracasos.
Son parte del aprendizaje.
Cada vez que un niño intenta nuevamente después de fallar, su cerebro fortalece circuitos de aprendizaje.
El niño descubre algo muy importante:
“No necesito que todo salga perfecto para sentirme capaz.”
El superpoder de Rufi no es la paciencia.
Es la capacidad de seguir intentando incluso cuando el volcán aparece.
Porque el volcán siempre aparecerá.
En la infancia.
En la adolescencia.
En la vida adulta.
La diferencia entre quien se rinde y quien crece no es la ausencia de frustración.
Es la capacidad de respirar… y volver a intentarlo.
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